jueves, 24 de julio de 2014

LA GUARDIA RURAL EN CAMPANILLAS

Introducción

Desde que el sistema feudal y señorial cayó en desuso por la paulatina implantación de un estado moderno centralizado, la seguridad en los campos y ciudades ha sido una de las preocupaciones más importantes de los gobernantes. Los Reyes Católicos fueron los primeros en crear un cuerpo de policía estatal al instaurar la Santa Hermandad. Esta se ocupaba sobre todo de la seguridad en las zonas rurales y en los caminos, pues el asalto a diligencias y caminantes por bandidos era muy frecuente.  En 1834 se disolvió esta institución, a pesar de que la inseguridad seguía siendo bastante grande, sobre todo por la proliferación de grupos de bandoleros que actuaban en las zonas rurales y se refugiaban en la sierra.  
            En 1844, diez después de la disolución de la Santa Hermandad, se fundó La Guardia Civil y años más tarde se constituyó La Guardia Rural como un cuerpo filial.


            A mediados del siglo XIX, Campanillas formaba parte del partido segundo de la Vega. Existían tierras de titularidad pública en las dehesas del Prado y la Fresneda y también de propiedad privada. La población se distribuía en los distintos cortijos y haciendas que a partir de la década de los cincuenta se fueron construyendo como consecuencia del proceso desamortizador. La vega de Campanillas fue en esta época una de las zonas agrícolas más productivas, regada por los ríos Campanillas y Guadalhorce. Además era camino natural hacia el interior de la provincia, ponía en comunicación localidades como Cártama o Álora con la capital.
            Antes de la desamortización de las dehesas de Campanillas, las tierras de titularidad pública eran vigiladas por un guarda, que cuidaba que no pastase ganado no autorizado en la dehesa o que no se sacara leña indebidamente. Cuando la propiedad privada dominó sobre la pública y los cultivos primaron sobre el pastoreo, los conflictos y robos de cosechas fueron cada vez más importantes, por lo que a Campanillas se adscribió una dotación de la Guardia Rural de Málaga.
Los Partidos Rurales de Málaga estaban divididos en cuatro Distritos. El Distrito Uno se componía de los Partidos 1º y 2º de la Vega, Santa Catalina y los Verdiales. La plantilla de la Guardia Rural de cada distrito estaba compuesta por un jefe, cuatro cabos y 32 guardias, Campanillas adscrita al partido 2º de la Vega le correspondía  un cabo y cinco guardias. Una Comisión Inspectora de la que formaban parte concejales y representantes de labradores y propietarios, era la encargada de administrar la institución de la Guardia Rural. En 1867, Jaime Janer, propietario de la hacienda Sta. María, formaba parte de ella.
            Las funciones de esta comisión eran:
-          Velar por el buen funcionamiento del Cuerpo
-          Ratificar y administrar el presupuesto asignado anualmente.
-          Aprobar los nombramientos de jefes y guardias
-          Decretar la cuantía del salario que debía percibir cada uno de los componentes del Cuerpo, así como establecer el uniforme y las insignias que debían portar.

Para ser guardia rural el interesado debía aportar un informe favorable del cura párroco además de referencias de algunos propietarios de la zona y del alcalde pedáneo. Normalmente los licenciados del ejército sin medios económicos tenían preferencia a la hora de solicitar una plaza.
Jornaleros trabajando la tierra
En 1869, el equipo de un guardia rural se componía de una carabina, una bayoneta, 13 cápsulas, un revolver con funda, un pito, un reglamento, unos calzones, unas polainas, un capote de monte, una  chaqueta, un chaleco y un sombrero. En la parte alta del sombrero, sobre paño grana debía llevar una chapa de latón dorado con un número con la antigüedad en el cargo y los jefes con el distrito que mandan.  Cada guardia debía pagar su vestuario, se les descontaba 25 céntimos  al mes. En caso de cesar en el cargo debía entregarlo, sólo se lo podían quedar si ya lo había pagado.
Un cabo ganaba 2,5 pesetas al día y un guardia 2,25, aunque no estaba establecida la dedicación exclusiva hay constancia de traslado de distrito de algunos guardias por tener una tienda o ser propietario de tierras y no atender bien el servicio. En una reunión de la Comisión presidida por el cuarto Teniente de Alcalde, Antonio Buro, se puso de manifiesto la viciosa actitud de la Guardia Rural, con problemas entre los jefes y la poca disciplina y celo en el cumplimiento del deber de los guardias. Ante tal desorganización se solicitó la disolución de la guardia existente y se procedió a una reordenación del servicio, se nombraron nuevos guardias y jefes.
La vega de Campanillas a principios del siglo XX
            El mal funcionamiento de la institución no parece que se arreglara con la reestructuración del personal, pues entre 1895 y 1896 varios propietarios de la Vega solicitaron tener guardas jurados particulares para vigilar su hacienda. José Carnero Molina, propietario del cortijo Lira solicitó en 1895 tener un guardia jurado, así como Carlos Larios Martínez, propietario del cortijo Colmenares, Felipe Neri Casado, Antonio Herrero Sevilla, entre otros.
 Las denuncias que hacían tanto la guardia rural como los guardas jurados particulares tenían que tramitarse en el cuartel de la guardia civil de Los Remedios. La mayoría de ellas estaban relacionadas con los daños causados por el ganado en los cultivos y por cazar o cortar y extraer leña de las dehesas del Ayuntamiento.

En 1926 la guardia civil instaló un puesto en el cortijo de Campanillas, cerca de la estación de ferrocarril y prácticamente la guardia rural dejó de ejercer sus funciones, no así los guardas jurados particulares.

DOCUMENTACIÓN:

Archivo Municipal de Málaga.
Fotos: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas
Texto: Josefina Molino


jueves, 3 de julio de 2014

EL FERROCARRIL EN CAMPANILLAS : La estación de Campanillas y los apartaderos del Tarajal y Colmenares



La estación de Campanillas se erigió entre tres haciendas importantes de la Vega en el término de Campanillas: Colmenares, Sta. Águeda y la Victoria. Para salvar el río Guadalhorce se tuvo que levantar un puente de hierro que años más tarde fue desmantelado. Es la primera estación que nos encontramos después de salir de Málaga y como, la mayoría de ellas, se encuentra a pocos kilómetros del núcleo de población principal y originó una pequeña aldea en la que además de residir los trabajadores del ferrocarril también se instalaron en ella familias de colonos de los cortijos cercanos.

Andén de la estación de Campanillas. Años noventa
          Desde su construcción el número de habitantes ha estado en continuo crecimiento. No tenía servicios médicos, dependía de los que hubiera en Campanillas situada apenas  tres kilómetros de distancia. En los años cincuenta del siglo XX, promovida por el Obispado de Málaga se construyó una escuela rural que hasta finales de siglo cubrió las necesidades educativas primarias de la población.
Como en otros muchos lugares y en este caso con más razón por estar cerca del río y de su zona de influencia, en la estación de Campanillas también se realizaron plantaciones de eucaliptos para desecar las zonas encharcadas y prevenir el paludismo, que a principios del siglo XX todavía hacía estragos entre la población. Esta medida fue aconsejada por los servicios médicos de las sociedades ferroviarias a nivel nacional, debido a la incidencia que tenía esta enfermedad entre los trabajadores.
La estación de Campanillas contaba con un jefe de estación, un factor, guardagujas y algunos mozos y jornaleros. Francisco García, José de Casas Aguilera, Francisco Ortiz Padilla, Rafael Pérez Aguilar y Rafael Ortiz Espejo ejercieron las funciones de jefes de estación entre 1870 y 1905.



Estación de Campanillas a finales del siglo XX



Estación de tren a finales del siglo XX

Estación de Campanillas a finales del siglo XX

Los apartaderos  de Colmenares y el Tarajal: Como ya se ha mencionado con anterioridad, los agricultores más importantes de la vega del Guadalhorce no se conformaron con tener una estación cerca sino que solicitaron un apartadero particular para su finca. Estos apartaderos fueron bien vistos por los responsables del ferrocarril, pues se pensó que con ellos aumentaría el tráfico ferroviario y se incentivaría la agricultura.
El Tarajal era una gran propiedad que se extendía a lo largo de la línea del  ferrocarril. Su apartadero fue solicitado por Pedro Aguirre en 1870 para dar mejor acceso  a su finca “San Rafael” y a la de Rafael García Cid, “El Tarajal” al transporte de semillas y abonos. El ramal se proyectó en una recta, dirección Málaga y su presupuesto fue de 15.500 reales. Entre sus instalaciones contaba con una casa para el jefe de estación.
Este apartadero estuvo en uso hasta bien entrado el siglo XX. En sus inmediaciones el propietario del cortijo construyó una fábrica azucarera y años más tarde se aprovecharon las instalaciones para poner en marcha una corchera.

La hacienda Colmenares es una propiedad que ya existía como tal desde el siglo XVIII, en la época de construcción del ferrocarril  pertenecía a la familia Larios y era una de las más extensas y productivas de la zona. En 1871 Trinidad Grund solicitó permiso para construir un apartadero en Colmenares, a pesar de que la estación de Campanillas estaba cerca. Su finalidad, al igual que los demás apartaderos construidos en fincas agrícolas, era tener mejor acceso para recibir abonos y semillas además de poder enviar mejor sus productos agrícolas al puerto de Málaga.
Se proyectó en sentido Córdoba-Málaga y tenía un presupuesto de 11.200 reales. Aunque existe un carril que une la finca con la vía ferroviaria no se sabe si se llegó a construir pues ese año coincidió con revueltas campesinas y obreras que hicieron que muchos proyectos se paralizaran porque parte de la burguesía malagueña tuvo que emigrar.
Casa de trabajadores de Renfe en la estación de Campanillas
           

Todas las estaciones proyectadas en la línea Málaga-Córdoba dieron lugar a núcleos de población que hoy perviven y algunos, como el caso de Cártama, han cobrado más importancia que el mismo pueblo. El caso de Campanillas no ha sido así, se ha quedado en segundo plano como un núcleo anejo y con una dependencia total en servicios del núcleo principal.
De todos los apartaderos que se construyeron en la vega algunos dieron lugar a pequeñas estaciones, como La Aljaima; en cambio otros desaparecieron según fue languideciendo la economía de la hacienda en la que se encontraban ubicados. En el caso de Colmenares, no sabemos si se llegó a construir y El Tarajal no ha  llegado a ser estación propiamente dicha.
En cualquier caso, la sabiduría popular siempre tiene a mano un dicho para todo y en este caso podríamos definir la importancia que tuvo la estación para la zona en el dicho popular: “Paras menos que el tren en Campanillas”. El trasiego de viajeros no era importante, pues la mayor parte de la población se encontraba muy dispersa por los cortijos de la vega de Campanillas y tardaban en llegar a la estación casi tanto como  a la capital.

           







Algunos accidentes ferroviarios acaecidos cerca de la estación de Campanillas:

22 de mayo 1939: Poco antes de las once de la noche dos trenes chocaron en las cercanías de Campanillas. El choque se produjo entre el ómnibus de Córdoba y el tren nocturno de Málaga-Sevilla. Hubo siete muertos y más de treinta heridos.

16 de septiembre de 1963: El automotor de Córdoba a Málaga chocó con un camión en un paso a nivel cercano a Campanillas. Falleció una persona y diecisiete resultaron heridas.

5 de junio de 1983: Descarriló el Talgo Málaga- Madrid a la altura de Campanillas. Hubo treinta y un heridos.



BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN


Cruces Blanco, Esther: Documentación para la historia del ferrocarril conservada en el Archivo Provincial de Málaga (1861-1998). Transporte, Servicios y Telecomunicaciones Nº 11

Cuellar Villar, Domingo y otros: Los poblados ferroviarios en España: un modo de vida junto al ferrocarril.

Heredia Campos, María del Carmen: El impacto económico del ferrocarril en la Vega de Málaga. IV Congreso de historia ferroviaria. Málaga 2006.


Lacomba, Juan Antonio: El ferrocarril Málaga-Córdoba (1859-1879). Revista Jábega nº 7.
 Diputación de Málaga. 1974.

Olias Ruiz, Emilio y Barrado Bautista, Andrés: Antecedentes anglosajones del ferrocarril Málaga-Córdoba (1860-1865) apuntes sobre la vida de Jorge Loring James. IV Congreso de historia ferroviaria. Málaga 2006.


Estación de Campanillas. Año 2014
Fotografía ganadora del I Maratón Fotográfico de Campanillas.
Autor:Juan Ortiz Rivas




martes, 24 de junio de 2014

EL FERROCARRIL EN CAMPANILLAS


Texto: Josefina Molino
Foto: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas




El ferrocarril Málaga-Córdoba:
           
            El ferrocarril malagueño fue promovido por la burguesía comercial e industrial de la ciudad. Entre los años 1855 y 1859 se constituyó la Junta del Ferrocarril, compuesta por Martín Larios, Tomás Heredia y Jorge Loring entre otros. Su financiación corrió a cargo de empresarios y agricultores con algunas aportaciones de inversores catalanes y ayudas de las instituciones locales. Los promotores vieron en este medio de transporte una manera de dar salida comercial a los productos tanto agrícolas como industriales a través del puerto malagueño. Además éste se revitalizaría con los productos de la campiña cordobesa y jienense;  igualmente se quería acercar el hierro y el carbón de las minas de Espiel y Bélmez a la industria siderometalúrgica malagueña que estaba agonizando debido a la escasez de estas dos materias primas, pero el ramal hasta Bélmez no se terminó hasta 1873 y para entonces algunas siderúrgicas ya habían cerrado.

            El estudio técnico fue realizado por Máximo Perea. El desarrollo del trazado se hizo de una sola vía, salvo en el caso de viaductos, puentes o túneles en los que se contemplaba la necesidad de dos vías. La ejecución de la obra corrió a cargo de  Vitali, Picard y Cia.  En un principio los estudios aconsejaron realizar el trazado por Antequera, pero los intereses particulares de agricultores e industriales hicieron que  transcurriera por la Vega. En esta época la rentabilidad del ferrocarril estaba en el transporte de mercancías y no en el de viajeros.
La estación de Málaga se construyó en una de las huertas que Jorge Loring tenía en las afueras de la ciudad, aunque el informe del ingeniero Antonio Mesa aconsejaba acercar la estación al puerto. El primer tramo entre Málaga y Cártama fue inaugurado por la reina Isabel II en 1861; tres años más tarde el trazado llegó hasta Álora y por fin en 1866 se finalizó en Córdoba. En el tramo entre Málaga y Álora construyeron las siguientes estaciones: Málaga, Campanillas, Cártama, Pizarra, Álora y El Chorro. El tiempo invertido en este recorrido era de 59 minutos y había un viaje de ida y vuelta por la mañana y otro por la tarde. A pesar de que el ferrocarril atravesaba toda la vega y tenía estaciones en todos los pueblos por los que pasaba, algunos agricultores e industriales solicitaron permiso para construir apartaderos particulares para sus fincas o fábricas.
La puesta en marcha del ferrocarril no fue vista por toda la sociedad de igual manera. En algunos colectivos como los arrieros y carreteros suscitó recelo porque vieron amenazado su negocio y entre los pequeños y medianos agricultores producía miedo el paso de la locomotora echando chispas de carbón, temerosos de que sus cosechas pudieran ser incendiadas.


lunes, 16 de junio de 2014

EL FÚTBOL EN CAMPANILLAS II

TRAYECTORIA DEPORTIVA


El equipo de Campanillas ha jugado en las categorías de preferente, primera regional y segunda regional. Los mejores años deportivos los disfrutó en la década de los ochenta, bajo la presidencia de Miguel Mayorga García. Jugó el campeonato de Andalucía de aficionados en Cuevas de Almanzora (Almería) y quedó eliminado en la segunda ronda por el equipo de Almuñecar.
Bajo la presidencia de Federico Beltrán Galindo (1987-1989) el equipo casi logró subir a tercera división, quedó empatado a puntos con el Club Puerto Malagueño y subió éste por la diferencia de goles. Entre los años 1990 y 1992, Francisco Romero García estuvo al frente del Club. Durante esa etapa se formaron nuevos equipos en las distintas categorías e incluso se llegó a formar un equipo femenino. 
Uno de los presidentes que ha estado más tiempo ejerciendo ha sido Manuel Delgado Rodríguez (1992-2004) durante su dirección se empezó a trabajar con los niños pequeños y se formaron equipos alevines, juveniles, cadetes y benjamines.
Todos los que de alguna forma han formado parte del Club Deportivo de Campanillas han contribuido con su tiempo y a veces con sus propios medios económicos a que el fútbol sea el deporte más seguido y practicado en Campanillas.
Desde 1975 se celebra, los días de feria, el torneo de fútbol-7 Virgen del Carmen. En los primeros años eran partidos entre jugadores ya retirados y entre casados y solteros, más tarde empezaron a participar jóvenes aficionados de la barriada y los alrededores.


NOMBRES DEL EQUIPO

El primer equipo de Campanillas que se inscribió en la Federación lo hizo con el nombre de  Club Deportivo Campanillas. Después cambió varias veces: Atlético Campanillas, Club Nuestra Sra. Del Carmen, Agrupación Deportiva Campanillas y por último Unión Deportiva Campanillas.
En el año 1983 se inscribieron dos: el Club Deportivo Campanillas cuyo presidente era Francisco Román Sánchez y la Agrupación Deportiva Campanillas, al frente de la cual estaba Salvador Román Sánchez. Un barrio tan pequeño con dos equipos dio lugar a pequeñas diferencias entre los vecinos y, para no llegar a males mayores, se acordó su unificación. Para decidir que nombre llevaría el equipo se tuvieron varias reuniones que no dieron resultado positivo y al final se decidió a cara o cruz. El equipo ganador daría su nombre por un año al que surgió de la fusión de los dos. El nombre ganador fue el Club Deportivo Campanillas, aunque un año más tarde se adoptó el nombre definitivo de Unión Deportiva Campanillas.
También en esas fechas se creó la Peña Malagueña, formada por los trabajadores de este tejar y otros vecinos. Empezó jugando en el campo de deportes de la Ciudad de los Niños, después en el del equipo de Innasa (Polígono Alameda) y por último en el terreno  de Campanillas.
En el año 1960 se creó un equipo en la Estación de Campanillas. Empezó jugando en unos terrenos cercanos al río y más tarde se construyó un campo cerca de la capilla. La existencia de dos equipos de fútbol tan próximos dio lugar a una rivalidad que duró bastante tiempo y que iba más allá de lo deportivo. Afortunadamente ese tiempo ya pasó a la historia.










JUGADORES IMPORTANTES

Campanillas ha tenido jugadores de gran calidad, igual que presidentes que más que un equipo de categoría regional parecía que presidían un equipo de primera división, por el tiempo que le dedicaban. Entre los jugadores que han destacado debemos citar a Francisco Marfil Muñoz, conocido en el mundo del fútbol como Marfil. Ha sido el único jugador campanillero que ha  jugado en un equipo de primera división. Fue jugador entre otros equipos del Sabadell, Tarrasa, Cádiz, Lérida y Español de Barcelona, fue en este último donde militó en primera división desde 1971 y 1975.

Sin duda el alma del fútbol en Campanillas ha sido José Villegas “El Chato”. Empezó jugando de portero en el primer equipo del arroyo Uñagatos. Se puede decir que vivió por y para el fútbol, lo mismo lavaba la ropa de los jugadores como les cosía las botas y los balones. Se le recuerda con el saco de ropa al hombro recorriendo los campos de fútbol de Málaga y la provincia. La Federación Malagueña de Fútbol le concedió la medalla de oro y en 1981, los aficionados de Campanillas le hicieron un merecido homenaje. Ese mismo año se tomó la decisión de ponerle su nombre al campo de fútbol que hasta entonces se había llamado María del Mar.

José Villegas con jugadores de Campanillas
“El Chato Villegas” murió en octubre de 1989, pero pase el tiempo que pase, siempre que se hable de fútbol en Campanillas se hablará de él.





Jugadores en el campo de Los Olivos. Años sesenta

Jugadores en el campo de Los Olivos. Años sesenta

Equipo infantil entrenado por Miguel A. González. Año 1985

Equipo juvenil entrenado por Miguel A. González. Año 1987

Jugadores del partido homenaje a José Villegas. Año 1981

Jugador en el campo de Los Olivos. Años sesenta

Francisco Marfil, jugador de Campanillas
que militó en equipos de Primera División


En el centro Antonio Cuevas Molina, jugador de Campanillas
que obtuvo el trofeo al mejor jugador de un torneo celebrado
en Pizarra

Partido homenaje a José Villegas.Año 1981

domingo, 8 de junio de 2014

EL FÚTBOL EN CAMPANILLAS

Texto: Pepa Gómez

Fotos: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas    

  Los  inicios del fútbol en Campanillas se remontan a tiempos anteriores a la Guerra Civil. Un grupo de jóvenes aficionados de Campanillas y de la Colonia de Santa Inés formaron un equipo de fútbol al frente del cual se encontraba José González Gómez como responsable. Las reuniones se celebraban en el bar Cachucho (Calle José Calderón número 30). Durante los años que duró la guerra no se jugó pero, nada más terminar la misma los encuentros, se reanudaron pues era la única diversión que tenían los jóvenes en aquellos tiempos.
      Durante bastantes años los campos de juego cambiaron de lugar con mucha frecuencia. Los propietarios de las tierras donde se ubicaba el campo cedían el terreno temporalmente. A veces los reclamaban para volver a cultivarlo y otras por miedo a que se adquirieran derechos de propiedad.
Los mismos jugadores preparaban el terreno de juego quitando las piedras y con una yunta de bueyes y unas tablas lo allanaban. El primer campo de fútbol se ubicó en un trozo de tierra que había en la desembocadura del arroyo Uñagatos y el río Campanillas, a la altura de la finca Lancero. Más tarde, se trasladó a la Longaniza (calle Ruiz y Maíquez); en este campo pudieron jugar durante tres años pues el propietario reclamó el terreno para sembrar viñas. El tercero se ubicó en Capellanía, en tierras de Miguel Serra, propietario del cortijo Jurado. Años más tarde se trasladó al cortijo Colmenares y al rincón de Sta. Matilde, un llano situado entre este cortijo y el Jurado.

A finales de los cincuenta, en la zona conocida como la Trapera, Francisco Ramos instaló un cine de verano y cedió un terreno al lado para que se utilizara como campo de fútbol. En estos años es cuando por primera vez se federa un equipo de Campanillas con el nombre de Club Deportivo Campanillas. Su presidente fue el Sr. Noguer
Como no había vestuarios, los jugadores se cambiaban en casa de Encarnación Gómez Blanco, una vecina que vivía cerca donde se ubicaba el campo.
Jugadores en el campo de Los Olivos. Años setenta
El siguiente campo era conocido como Los Olivos. Se encontraba en la parte baja del cerro Vallejo. Las tierras fueron cedidas por Enrique García Grana, propietario del cortijo Trévenez.   Éste fue el primero en tener una pequeña caseta a modo de vestuario. La construyeron los propios jugadores, para ducharse instalaron un depósito de agua que llenaban con garrafas que llevaban desde el tejar Anza (Ceyfor). El campo estaba situado entre un arroyo y la carretera de la Colonia Sta. Inés. En estos años ya se cobraba una entrada para ver el partido, la taquilla  se ponía en la misma carretera, había poco tráfico y si alguien iba de paso le porfiaban para que pagase, pues creían que iban a ver el fútbol.


Para la construcción del campo actual se reunieron varias personas influyentes de la Barriada  en el restaurante Camposol con la intención de llegar a un acuerdo para comprar un solar. Tras varias reuniones  sin llegar a un acuerdo, Miguel Mayorga García, presidente del Club y trabajador del tejar la Malagueña, propuso hablar con el socio de su empresa Rafael García Cervantes. Este señor se comprometió a comprar el terreno, poner la maquinaria y el material.


Campo de fútbol en su ubicación actual, partido de inauguración
 del campo. El partido se disputó entre jugadores
 de equipo de Málaga y de Campanillas.




 La Barriada colaboró aportando una pequeña cantidad de dinero recogida entre los vecinos. La única condición que puso Rafael García que el campo llevase el nombre de su hija María del Mar. El 8 de diciembre de 1976 se inauguró con un partido amistoso entre el equipo de la capital y el de Campanillas. El árbitro del encuentro fue Federico Beltrán Galindo, árbitro federado. El resultado fue de Campanillas 2, Málaga 6.
















lunes, 19 de mayo de 2014

EL MOVIMIENTO OBRERO EN CAMPANILLAS:




Círculo Republicano Instructivo Obrero de
Campanillas

            Desde comienzos del siglo XX se produjo un auge de la ideología republicana propiciada por su acercamiento  a medios populares. Obreros y jornaleros  se sintieron atraídos por los discursos de cambio social y político y en el caso de Málaga, por la gestión reformadora llevada a cabo por los republicanos al frente del Ayuntamiento de la Ciudad.
            En Málaga, la Unión Republicana y el periódico “El Popular” se crearon en 1903 y entre 1909 y 1914 se produjo la etapa de mayor expansión del republicanismo, ya que amplió su base social a través de organizaciones no estrictamente políticas como fueron los círculos, los casinos o las sociedades de socorro mutuo. Se constituyeron 63 nuevos centros en pueblos de la Axarquía y del Valle del
Guadalhorce y en casi la totalidad de los distritos de la capital.
   
         En este contexto de auge del republicanismo, se constituyó el Círculo Republicano Instructivo Obrero de Campanillas a comienzos del mes de julio de 1912. Según sus reglamentos, los círculos “tienen por objeto la propaganda de los ideales republicanos y el mejoramiento moral y económico de sus individuos, ya por la enseñanza y los esparcimientos lícitos, ya por la mutua defensa de los asociados”. Los socios debían ser miembros del Partido Republicano y satisfacer una cuota semanal de diez céntimos. Apenas dos meses más tarde, los socios fundadores decidieron por unanimidad abandonar esta agrupación e impulsar  la constitución de una sociedad de ideario socialista afín a la UGT. 
          En diciembre de 1912 se eligió una nueva Junta Directiva presidida por Antonio García Molina. Manuel González Aragonés, fue el único miembro de la anterior junta que formó parte del nuevo Círculo Republicano. En esta segunda etapa, la mayoría de sus asociados eran propietarios de la zona vinculados al partido republicano. La familia Martín Gómez, de la hacienda los Martínez, fue una de las más influyentes. Pero a pesar de  todos los esfuerzos el Círculo Instructivo Obrero tuvo una vida efímera, la ideología republicana fue perdiendo presencia en la vida política mientras que los partidos monárquicos se vieron favorecidos por el caciquismo.

miércoles, 14 de mayo de 2014

EL MOVIMIENTO OBRERO EN CAMPANILLAS:

El Sindicato Católico Agrícola de Campanillas

            En 1917 se creó la Confederación Nacional Católico-Agraria  que llevó una intensa campaña de constitución de sindicatos católicos en toda España. Málaga, entre 1919 y 1920,  se convirtió en la provincia de Andalucía con más afiliados a estos sindicatos. Félix Corrales y José Gálvez Ginachero fueron los artífices de la expansión del catolicismo obrero en los pueblos del valle del Guadalhorce y de la Costa del Sol Occidental donde predominaba la pequeña y mediana propiedad.
            Estas asociaciones obreras agrarias de carácter católico estaban tuteladas por la jerarquía eclesiástica. Realizaron una labor social y educativa, pusieron en marcha escuelas nocturnas para los trabajadores y crearon cajas de ahorro para fomentar el crédito agrícola. En la provincia de Málaga entraron en competencia con las sociedades agrarias afines a la UGT.
            En 1919 se creó en Campanillas el Sindicato Agrícola Católico, fue uno de los primeros en la provincia de Málaga. Estaba presidido por Félix Corrales, administrador del cortijo Quintana, propiedad de José Gálvez Ginachero.  Se fijó la sede en la iglesia parroquial y sus estatutos se regían por la devoción al catolicismo y por sus leyes, sometidos a la obediencia del Papa. En sus cuotas diferenciaban entre propietarios que pagaban 6 pesetas, los colonos 3 y los jornaleros 1 peseta.
            Este sindicato fue visto con buenos ojos por la mayoría de los propietarios de la zona aunque tuvo una breve existencia, pues el excesivo intervencionismo de éstos hizo recelar a los trabajadores, que optaron por pertenecer casi mayoritariamente al sindicato socialista “La Nueva Flor”.