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lunes, 4 de agosto de 2014

LA GUARDIA CIVIL EN CAMPANILLAS

La creación del cuerpo de la Guardia Civil en 1854 por el Duque de Ahumada  vino a cubrir en las zonas rurales el hueco que dejó la disolución de la Santa Hermandad. En Campanillas el cuartel de Los Remedios era el más cercano, creado en 1855, estaba adscrito a la Primera Compañía de Cártama y en él se tramitaban todas las denuncias habidas en la vega de Campanillas. En 1926 se instaló una compañía en el cortijo Campanillas, situado cerca de la estación de ferrocarril y 6 de mayo de ese mismo año se trasladó a un edificio situado entre el camino Viejo de Ronda y la carretera comarcal MA-401.
El edificio destinado a acuartelamiento pertenecía a José Quesada Márquez, fue arrendado por el Ayuntamiento de Málaga y cedido gratuitamente al Cuerpo. El alquiler anual ascendía a 3.174,96 pesetas.
Pareja de la Guardia Civil con
 mosquitera para protegerse de
los mosquitos que transmitían
el paludismo
La Casa-cuartel era de forma cuadrada con un patio interior por el que se accedía a los pabellones, excepto el del Comandante que se hallaba frente a la Sala de Armas.  El conjunto constaba de una sola planta con seis pabellones, cinco de ellos con comedor, cocina y dos dormitorios y el otro con cocina, comedor y un dormitorio. Los retretes y duchas eran compartidos. Las dependencias oficiales eran: sala de armas y antigua sala de oficina de la línea. En la parte posterior y al exterior del edificio existía una cuadra con capacidad para dos caballos, pajera y guadarnés. La superficie total del edificio era de 1.449,10 metros cuadrados de los que 474,7 estaban edificados.
            En el Padrón Municipal de 1930 consta que la casa cuartel estaba ocupada por: un cabo, Antonio Luque Cruz y los siguientes guardias de segunda: Antonio Moreno Clavero, Antonio Reyes Luque, Francisco Sierra Torre y José Plana Alba.
           
            La guardia civil como cuerpo de policía rural era respetada y temida por todos los ciudadanos. No sólo se ocupaba de vigilar los campos para evitar los robos sino que en más de una ocasión tuvo que hacer frente a manifestaciones y huelgas de los jornaleros que trabajaban en los cortijos. Un ejemplo lo tenemos en los incidentes que se ocasionaron en el cortijo Quintana en diciembre de 1931, cuando un grupo de guardias se enfrentaron a los jornaleros en huelga para protestar por la contratación de trabajadores forasteros mientras que los de Campanillas estaban en paro y por  no estar de acuerdo con ser pagados “a mantenido”.          En 1936, tras el estallido de la Guerra Civil, el acuartelamiento fue abandonado y no se volvió a ocupar hasta 1937.

En 1953 se efectuó una reorganización de la Comandancia y se ubicó en Campanillas la Línea procedente del Puerto de la Torre. Por lo que la plantilla quedó de la siguiente manera: Un sargento, un cabo y siete guardias que disponían de cuatro caballos para vigilar los campos.
Plano del cuartel de la Guardía Civil a finales de los sesenta.
En 1955, un temporal de lluvias dejó la casa cuartel en ruinas por lo que se procedió, de nuevo a su desalojo. Se planteó la posibilidad de que fuera suprimido el Puesto, pero se formó una Junta de Vecinos de toda la barriada que aportaron mano de obra y materiales para reparar los daños causados en la casa cuartel por el temporal y los guardias civiles volvieron a ocupar el acuartelamiento. Por otro lado se hizo propósito de construir uno nuevo, contando con el ofrecimiento de un solar por parte de Juan Fernández Díaz  y la promesa del Ayuntamiento de aportar 200.000 pesetas para su construcción.

En 1968 la Comandancia de Málaga fue reorganizada, el Puesto de Campanillas quedó con tres guardias para prestar servicio a unos 6.514 habitantes de los que 1.585 estaban agrupados en Campanillas, el resto se encontraba disperso por los pequeños núcleos de Colmenarejo, Somera, La Fresneda, Maqueda, la Estación, la Capitana  y Puente del Rey. En el pueblo existía una centralita de teléfono que daba servicio a 47 números, el 1 correspondía al cuartel.

El 13 de febrero de 1973 el Puesto fue definitivamente cerrado y años más tarde el edificio demolido. Entre las personas que vivieron en este acuartelamiento cabe destacar a José Umbral, cantante, y al General de División Antonio Blanes García; ambos hijos de sargentos que prestaron sus servicios en este cuartel.


BIBLIOGRAFÍA y DOCUMENTACIÓN:

Brenes Cobos, Sergio: Asociación de Agricultores “La Nueva Flor de Campanillas”. Jábega nº 95. Diputación de Málaga. 2003.
  

Comandancia de la Guardia Civil de Málaga.

Fotos: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas.
Texto: Josefina Molino

jueves, 24 de julio de 2014

LA GUARDIA RURAL EN CAMPANILLAS

Introducción

Desde que el sistema feudal y señorial cayó en desuso por la paulatina implantación de un estado moderno centralizado, la seguridad en los campos y ciudades ha sido una de las preocupaciones más importantes de los gobernantes. Los Reyes Católicos fueron los primeros en crear un cuerpo de policía estatal al instaurar la Santa Hermandad. Esta se ocupaba sobre todo de la seguridad en las zonas rurales y en los caminos, pues el asalto a diligencias y caminantes por bandidos era muy frecuente.  En 1834 se disolvió esta institución, a pesar de que la inseguridad seguía siendo bastante grande, sobre todo por la proliferación de grupos de bandoleros que actuaban en las zonas rurales y se refugiaban en la sierra.  
            En 1844, diez después de la disolución de la Santa Hermandad, se fundó La Guardia Civil y años más tarde se constituyó La Guardia Rural como un cuerpo filial.


            A mediados del siglo XIX, Campanillas formaba parte del partido segundo de la Vega. Existían tierras de titularidad pública en las dehesas del Prado y la Fresneda y también de propiedad privada. La población se distribuía en los distintos cortijos y haciendas que a partir de la década de los cincuenta se fueron construyendo como consecuencia del proceso desamortizador. La vega de Campanillas fue en esta época una de las zonas agrícolas más productivas, regada por los ríos Campanillas y Guadalhorce. Además era camino natural hacia el interior de la provincia, ponía en comunicación localidades como Cártama o Álora con la capital.
            Antes de la desamortización de las dehesas de Campanillas, las tierras de titularidad pública eran vigiladas por un guarda, que cuidaba que no pastase ganado no autorizado en la dehesa o que no se sacara leña indebidamente. Cuando la propiedad privada dominó sobre la pública y los cultivos primaron sobre el pastoreo, los conflictos y robos de cosechas fueron cada vez más importantes, por lo que a Campanillas se adscribió una dotación de la Guardia Rural de Málaga.
Los Partidos Rurales de Málaga estaban divididos en cuatro Distritos. El Distrito Uno se componía de los Partidos 1º y 2º de la Vega, Santa Catalina y los Verdiales. La plantilla de la Guardia Rural de cada distrito estaba compuesta por un jefe, cuatro cabos y 32 guardias, Campanillas adscrita al partido 2º de la Vega le correspondía  un cabo y cinco guardias. Una Comisión Inspectora de la que formaban parte concejales y representantes de labradores y propietarios, era la encargada de administrar la institución de la Guardia Rural. En 1867, Jaime Janer, propietario de la hacienda Sta. María, formaba parte de ella.
            Las funciones de esta comisión eran:
-          Velar por el buen funcionamiento del Cuerpo
-          Ratificar y administrar el presupuesto asignado anualmente.
-          Aprobar los nombramientos de jefes y guardias
-          Decretar la cuantía del salario que debía percibir cada uno de los componentes del Cuerpo, así como establecer el uniforme y las insignias que debían portar.

Para ser guardia rural el interesado debía aportar un informe favorable del cura párroco además de referencias de algunos propietarios de la zona y del alcalde pedáneo. Normalmente los licenciados del ejército sin medios económicos tenían preferencia a la hora de solicitar una plaza.
Jornaleros trabajando la tierra
En 1869, el equipo de un guardia rural se componía de una carabina, una bayoneta, 13 cápsulas, un revolver con funda, un pito, un reglamento, unos calzones, unas polainas, un capote de monte, una  chaqueta, un chaleco y un sombrero. En la parte alta del sombrero, sobre paño grana debía llevar una chapa de latón dorado con un número con la antigüedad en el cargo y los jefes con el distrito que mandan.  Cada guardia debía pagar su vestuario, se les descontaba 25 céntimos  al mes. En caso de cesar en el cargo debía entregarlo, sólo se lo podían quedar si ya lo había pagado.
Un cabo ganaba 2,5 pesetas al día y un guardia 2,25, aunque no estaba establecida la dedicación exclusiva hay constancia de traslado de distrito de algunos guardias por tener una tienda o ser propietario de tierras y no atender bien el servicio. En una reunión de la Comisión presidida por el cuarto Teniente de Alcalde, Antonio Buro, se puso de manifiesto la viciosa actitud de la Guardia Rural, con problemas entre los jefes y la poca disciplina y celo en el cumplimiento del deber de los guardias. Ante tal desorganización se solicitó la disolución de la guardia existente y se procedió a una reordenación del servicio, se nombraron nuevos guardias y jefes.
La vega de Campanillas a principios del siglo XX
            El mal funcionamiento de la institución no parece que se arreglara con la reestructuración del personal, pues entre 1895 y 1896 varios propietarios de la Vega solicitaron tener guardas jurados particulares para vigilar su hacienda. José Carnero Molina, propietario del cortijo Lira solicitó en 1895 tener un guardia jurado, así como Carlos Larios Martínez, propietario del cortijo Colmenares, Felipe Neri Casado, Antonio Herrero Sevilla, entre otros.
 Las denuncias que hacían tanto la guardia rural como los guardas jurados particulares tenían que tramitarse en el cuartel de la guardia civil de Los Remedios. La mayoría de ellas estaban relacionadas con los daños causados por el ganado en los cultivos y por cazar o cortar y extraer leña de las dehesas del Ayuntamiento.

En 1926 la guardia civil instaló un puesto en el cortijo de Campanillas, cerca de la estación de ferrocarril y prácticamente la guardia rural dejó de ejercer sus funciones, no así los guardas jurados particulares.

DOCUMENTACIÓN:

Archivo Municipal de Málaga.
Fotos: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas
Texto: Josefina Molino


jueves, 3 de julio de 2014

EL FERROCARRIL EN CAMPANILLAS : La estación de Campanillas y los apartaderos del Tarajal y Colmenares



La estación de Campanillas se erigió entre tres haciendas importantes de la Vega en el término de Campanillas: Colmenares, Sta. Águeda y la Victoria. Para salvar el río Guadalhorce se tuvo que levantar un puente de hierro que años más tarde fue desmantelado. Es la primera estación que nos encontramos después de salir de Málaga y como, la mayoría de ellas, se encuentra a pocos kilómetros del núcleo de población principal y originó una pequeña aldea en la que además de residir los trabajadores del ferrocarril también se instalaron en ella familias de colonos de los cortijos cercanos.

Andén de la estación de Campanillas. Años noventa
          Desde su construcción el número de habitantes ha estado en continuo crecimiento. No tenía servicios médicos, dependía de los que hubiera en Campanillas situada apenas  tres kilómetros de distancia. En los años cincuenta del siglo XX, promovida por el Obispado de Málaga se construyó una escuela rural que hasta finales de siglo cubrió las necesidades educativas primarias de la población.
Como en otros muchos lugares y en este caso con más razón por estar cerca del río y de su zona de influencia, en la estación de Campanillas también se realizaron plantaciones de eucaliptos para desecar las zonas encharcadas y prevenir el paludismo, que a principios del siglo XX todavía hacía estragos entre la población. Esta medida fue aconsejada por los servicios médicos de las sociedades ferroviarias a nivel nacional, debido a la incidencia que tenía esta enfermedad entre los trabajadores.
La estación de Campanillas contaba con un jefe de estación, un factor, guardagujas y algunos mozos y jornaleros. Francisco García, José de Casas Aguilera, Francisco Ortiz Padilla, Rafael Pérez Aguilar y Rafael Ortiz Espejo ejercieron las funciones de jefes de estación entre 1870 y 1905.



Estación de Campanillas a finales del siglo XX



Estación de tren a finales del siglo XX

Estación de Campanillas a finales del siglo XX

Los apartaderos  de Colmenares y el Tarajal: Como ya se ha mencionado con anterioridad, los agricultores más importantes de la vega del Guadalhorce no se conformaron con tener una estación cerca sino que solicitaron un apartadero particular para su finca. Estos apartaderos fueron bien vistos por los responsables del ferrocarril, pues se pensó que con ellos aumentaría el tráfico ferroviario y se incentivaría la agricultura.
El Tarajal era una gran propiedad que se extendía a lo largo de la línea del  ferrocarril. Su apartadero fue solicitado por Pedro Aguirre en 1870 para dar mejor acceso  a su finca “San Rafael” y a la de Rafael García Cid, “El Tarajal” al transporte de semillas y abonos. El ramal se proyectó en una recta, dirección Málaga y su presupuesto fue de 15.500 reales. Entre sus instalaciones contaba con una casa para el jefe de estación.
Este apartadero estuvo en uso hasta bien entrado el siglo XX. En sus inmediaciones el propietario del cortijo construyó una fábrica azucarera y años más tarde se aprovecharon las instalaciones para poner en marcha una corchera.

La hacienda Colmenares es una propiedad que ya existía como tal desde el siglo XVIII, en la época de construcción del ferrocarril  pertenecía a la familia Larios y era una de las más extensas y productivas de la zona. En 1871 Trinidad Grund solicitó permiso para construir un apartadero en Colmenares, a pesar de que la estación de Campanillas estaba cerca. Su finalidad, al igual que los demás apartaderos construidos en fincas agrícolas, era tener mejor acceso para recibir abonos y semillas además de poder enviar mejor sus productos agrícolas al puerto de Málaga.
Se proyectó en sentido Córdoba-Málaga y tenía un presupuesto de 11.200 reales. Aunque existe un carril que une la finca con la vía ferroviaria no se sabe si se llegó a construir pues ese año coincidió con revueltas campesinas y obreras que hicieron que muchos proyectos se paralizaran porque parte de la burguesía malagueña tuvo que emigrar.
Casa de trabajadores de Renfe en la estación de Campanillas
           

Todas las estaciones proyectadas en la línea Málaga-Córdoba dieron lugar a núcleos de población que hoy perviven y algunos, como el caso de Cártama, han cobrado más importancia que el mismo pueblo. El caso de Campanillas no ha sido así, se ha quedado en segundo plano como un núcleo anejo y con una dependencia total en servicios del núcleo principal.
De todos los apartaderos que se construyeron en la vega algunos dieron lugar a pequeñas estaciones, como La Aljaima; en cambio otros desaparecieron según fue languideciendo la economía de la hacienda en la que se encontraban ubicados. En el caso de Colmenares, no sabemos si se llegó a construir y El Tarajal no ha  llegado a ser estación propiamente dicha.
En cualquier caso, la sabiduría popular siempre tiene a mano un dicho para todo y en este caso podríamos definir la importancia que tuvo la estación para la zona en el dicho popular: “Paras menos que el tren en Campanillas”. El trasiego de viajeros no era importante, pues la mayor parte de la población se encontraba muy dispersa por los cortijos de la vega de Campanillas y tardaban en llegar a la estación casi tanto como  a la capital.

           







Algunos accidentes ferroviarios acaecidos cerca de la estación de Campanillas:

22 de mayo 1939: Poco antes de las once de la noche dos trenes chocaron en las cercanías de Campanillas. El choque se produjo entre el ómnibus de Córdoba y el tren nocturno de Málaga-Sevilla. Hubo siete muertos y más de treinta heridos.

16 de septiembre de 1963: El automotor de Córdoba a Málaga chocó con un camión en un paso a nivel cercano a Campanillas. Falleció una persona y diecisiete resultaron heridas.

5 de junio de 1983: Descarriló el Talgo Málaga- Madrid a la altura de Campanillas. Hubo treinta y un heridos.



BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN


Cruces Blanco, Esther: Documentación para la historia del ferrocarril conservada en el Archivo Provincial de Málaga (1861-1998). Transporte, Servicios y Telecomunicaciones Nº 11

Cuellar Villar, Domingo y otros: Los poblados ferroviarios en España: un modo de vida junto al ferrocarril.

Heredia Campos, María del Carmen: El impacto económico del ferrocarril en la Vega de Málaga. IV Congreso de historia ferroviaria. Málaga 2006.


Lacomba, Juan Antonio: El ferrocarril Málaga-Córdoba (1859-1879). Revista Jábega nº 7.
 Diputación de Málaga. 1974.

Olias Ruiz, Emilio y Barrado Bautista, Andrés: Antecedentes anglosajones del ferrocarril Málaga-Córdoba (1860-1865) apuntes sobre la vida de Jorge Loring James. IV Congreso de historia ferroviaria. Málaga 2006.


Estación de Campanillas. Año 2014
Fotografía ganadora del I Maratón Fotográfico de Campanillas.
Autor:Juan Ortiz Rivas




miércoles, 14 de mayo de 2014

EL MOVIMIENTO OBRERO EN CAMPANILLAS:

El Sindicato Católico Agrícola de Campanillas

            En 1917 se creó la Confederación Nacional Católico-Agraria  que llevó una intensa campaña de constitución de sindicatos católicos en toda España. Málaga, entre 1919 y 1920,  se convirtió en la provincia de Andalucía con más afiliados a estos sindicatos. Félix Corrales y José Gálvez Ginachero fueron los artífices de la expansión del catolicismo obrero en los pueblos del valle del Guadalhorce y de la Costa del Sol Occidental donde predominaba la pequeña y mediana propiedad.
            Estas asociaciones obreras agrarias de carácter católico estaban tuteladas por la jerarquía eclesiástica. Realizaron una labor social y educativa, pusieron en marcha escuelas nocturnas para los trabajadores y crearon cajas de ahorro para fomentar el crédito agrícola. En la provincia de Málaga entraron en competencia con las sociedades agrarias afines a la UGT.
            En 1919 se creó en Campanillas el Sindicato Agrícola Católico, fue uno de los primeros en la provincia de Málaga. Estaba presidido por Félix Corrales, administrador del cortijo Quintana, propiedad de José Gálvez Ginachero.  Se fijó la sede en la iglesia parroquial y sus estatutos se regían por la devoción al catolicismo y por sus leyes, sometidos a la obediencia del Papa. En sus cuotas diferenciaban entre propietarios que pagaban 6 pesetas, los colonos 3 y los jornaleros 1 peseta.
            Este sindicato fue visto con buenos ojos por la mayoría de los propietarios de la zona aunque tuvo una breve existencia, pues el excesivo intervencionismo de éstos hizo recelar a los trabajadores, que optaron por pertenecer casi mayoritariamente al sindicato socialista “La Nueva Flor”.





lunes, 20 de enero de 2014

LAS DEHESAS DE CAMPANILLAS III

Disposiciones reales para proteger las dehesas

            A pesar de existir una carta de merced de los Reyes Católicos, que otorgaba  la propiedad de las dehesas al cabildo de Málaga, los sucesivos monarcas las consideraron realengas y exigieron cada año al Ayuntamiento el pago de un impuesto especial por ellas. Al estar protegidas por el poder real el Ayuntamiento no podía venderlas, por lo que permanecieron intactas hasta el siglo XIX.
            La cría de yeguas y caballos era una actividad económica y estratégica muy importante. Casi podíamos decir que era una cuestión de estado, pues el caballo era el medio de locomoción más rápido y era usado tanto por la población civil como por el ejército. La mayoría de los reyes dictaron leyes a favor de que se mantuvieran las dehesas para la cría caballar.  Felipe II, en 1572 encomendaba a los corregidores propiciar las asociaciones de caballeros y ayudar en la organización de justas y torneos para fomentar la caballería; Felipe III, en 1614 se dirigió de nuevo a los ayuntamientos para que procurase por todos los medios a su alcance el auge y desarrollo de las instituciones caballerescas ; Felipe IV, en una real ordenanza de 15 de abril de 1637, decretó que se destinaran nuevas tierras para pastos y prohibía que las dehesas de la Fresneda y del Prado, fueran vendidas, pues habían de quedar perpetuamente para pastos de yeguas y por último Carlos III en 1789 dispuso, mediante una real orden que las dehesas pertenecientes a los Bienes de Propios fueran destinadas a la cría de caballos para el ejército y que el Ayuntamiento que no las tuviera, las arrendara con dinero de Propios. En Málaga esta medida afectó de manera determinante a las dehesas de Campanillas que pasaron a ser administradas por la Junta de Caballería, dependiente del Consejo de  la Guerra.


      
Administración y gestión llevada a cabo por la Junta de Caballería

            El 13 de septiembre de 1796 se creó la Junta Suprema de Caballería  que fue la encargada de administrar las dehesas de Campanillas a partir de entonces. Entre sus atribuciones estaban las de elegir los criadores de ganado, administrar y atender los gastos y necesidades de la granjería. Tuvo competencias absolutas sobre dicho ramo, independiente de cualquier otro tribunal que existiera en el reino. Impulsó notablemente la cría de caballos, tomando entre otras medidas la de construir una casa de montas donde alojar los sementales.
            En Málaga, la Junta de Caballería estaba integrada por hombres principales de la ciudad y la administración que hizo de las dehesas estuvo muy cuestionada. Era acusada de haber convertido la cría de caballos para el ejército en un negocio lucrativo para los componentes de dicha Junta y los propietarios  colindantes con las dehesas la acusaron en varias ocasiones de usurpación de tierras en nombre del gobierno. Así D. Gaspar de Cárdenas en representación de Dª Josefa de la Cueva, solicitó que fuera  revisado el término de los cortijos de Trévenez y Pocapringue, ambos de  propiedad de su representada,  pues al parecer la Junta le había usurpado parte de las tierras.
             De cualquier manera, los terrenos de las dehesas se siguieron arrendando en parcelas de 4 fanegas cada una a jornaleros y labradores en su mayoría residentes en la capital.

Las desamortizaciones y sus consecuencias sobre las dehesas

          En 1820, un grupo de jornaleros y braceros de la zona de Colmenarejo solicitaron al Ayuntamiento que los terrenos que tenían en arriendo en las dehesas les fueran concedidos en propiedad, amparándose en el decreto promulgado por las Cortes de Cádiz el 4 de enero de 1813, según el cual se ordenaba el reparto de los Bienes de Propios y Comunes pertenecientes a los Ayuntamientos. A esta petición se unió la que hicieron en toda España los soldados licenciados después de la Guerra de Independencia, que no tenían medios paga ganarse la vida al no tener oficio que ejercer ni tierra que cultivar.Estas peticiones realizadas junto con las continuas críticas que recibía el cabildo malagueño por la mala gestión de la Junta de Caballería, llevó a esta institución a iniciar un litigio para recuperar las administración de las dehesas. Este litigio que duró casi 15 años fue resuelto en 1834 por la Diputación de Granada que falló a favor del Ayuntamiento.

Una Real Cédula de 24 de agosto de 1834 abolió los privilegios concedidos a los criadores de yeguas, por lo que habiendo cesado en el objeto para el que fueron cedidas las citadas dehesas y construido el picadero, el gobierno procedió a la venta de los sementales existentes y el Ayuntamiento se incautó de los bienes como correspondientes a Propios. La casa de montas se destinó a matadero municipal y en 1835 se empezaron a repartir las parcelas entre los que lo habían solicitado.       
            En un principio las zonas repartidas fueron las más cercanas al río y las laderas de los montes. El terreno no era muy favorable para el cultivo, al estar situadas la mayoría de las suertes en terrenos pedregosos. Para poder acceder a la propiedad de las 4 fanegas que formaban una suerte, los labradores tenían que demostrar que cultivaban la tierra desde antes de 1834, para ello bastaba con el testimonio de algún vecino. En muchos casos, los titulares habían fallecido pero los hijos tenían opción a comprarla. La cesión no fue gratuita, sino que se hizo a censo perpetuo, es decir, que cada año se pagaba el 3% del valor de la finca en monedas de oro y plata. El valor medio de cada parcela dependía de su situación geográfica, las zonas más montuosas eran más baratas que las zonas de vega.
            El propietario y sus herederos además de pagar el censo anual tenía las siguientes obligaciones: labrar y cultivar la tierra, no partirlas ni dividirlas y les estaba prohibido vender la cosecha a extranjeros.
            Algunos labradores compraron más de una parcela que con frecuencia no eran colindantes, por lo que entre ellos se realizaban permutas para facilitar el cultivo. Esta época coincidió con la de mayor expansión del viñedo en Málaga, por lo que gran parte de los agricultores plantaron viñas en sus tierras y se introdujeron en el circuito productivo de la vid. 


Bibliografía y fuentes:


Archivo Municipal de Málaga legajos 60  y 27 C

Bejarano Robles, Francisco: Los Repartimientos de Málaga. Ayuntamiento de Málaga. Málaga.1985.

Cabrillana de Ciézar, Nicolás: Las desamortizaciones de Madoz en la provincia de Málaga: Ventas Judiciales. Ministerio de Cultura. Madrid. 1990.

Molino Peregrina, J. y Gómez Martín, P: El partido rural de Campanillas a finales del siglo XIX. Jábega nº 95. Diputación Provincial de Málaga. 2006
  
  

jueves, 9 de enero de 2014

LA TORRE DEL PRADO DE CAMPANILLAS


Texto: Josefina Molino
Fotos: Manuel Rivera



En la provincia de Málaga podemos encontrar dos tipos de torres almenaras, las que jalonan la costa malagueña desde Estepona hasta Maro y otra línea interior que delimitó en su día el territorio fronterizo entre el reino de Granada y el de Castilla.
            El sistema de vigilancia a través de torres se remonta a la época de los fenicios que ya lo utilizaban en el norte de África, los romanos también hicieron uso de ellas, aunque fueron los musulmanes los que las utilizaron de manera más eficaz en la vigilancia de fronteras.
            Las torres almenaras o de rebato tenían forma cilíndrica, se emplazaban en un lugar alto y con visibilidad de sus dos inmediatas para poder propagar la cadena de alarma. Se utilizaban sobre todo para avisar de las incursiones que los cristianos hacían en tierras del reino de Granada para arruinar las cosechas, robar ganado y llevarse prisioneros.         Las señales se hacían con fogatas si era de noche o con espejos si era de día.

La torre del Prado



La torre del Prado aparece por primera vez en el Repartimiento de Málaga con el nombre de Torre Quebrada o Torre Fajardo. Se construyó en época nazarí. Estaba situada sobre dos grandes peñas a una altura de 200 metros, desde ella se pueden divisar las torres del castillo de Cártama a 8 km., la del Atabal a 4,5km., Cupiana a 4,6 km. y Almogía a 11 km.
            La torre tenía forma cilíndrica con un diámetro aproximado de 4 metros, no es posible saber su altura porque está cortada. Está construida con ladrillos y con mampostería de piedra arenisca roja. En las cercanías aparecen estructuras similares a la de la torre de restos que podían ser de una vivienda.
            Cuando fueron expulsados los árabes, la torre se utilizó para fiscalizar y vigilar la actividad de  la dehesa del Prado, que era propiedad municipal y en la que pastaban caballos.
En la actualidad el deterioro de la torre ha hecho que sólo se divise la peña que la sustenta por lo que es conocida como “La Piedra de la Torre”.




Bibliografía:
Molina Cobos, Antonio: Cuatro torres almenaras en los Montes de Málaga.
 Jábega 49. Málaga 1985
Temboury Álvarez, Juan: Torres Almenaras. Ayuntamiento de Málaga. Málaga 1975
Plan General de Ordenación Urbana de Málaga







viernes, 20 de diciembre de 2013

LA PREHISTORIA EN EL VALLE DE CAMPANILLAS II

La  Edad de Bronce

       Esta etapa está marcada por la utilización del bronce en la fabricación de instrumentos y armas. El bronce se obtiene de la aleación de nueve partes de cobre y una de estaño.
            En este periodo adquiere importancia la minería y el comercio. Los poblados se construían en cerros desde los que se controlaban  los ríos que eran vías de comunicación.

            En Campanillas hay cinco yacimientos de esta época: El cerro de la Peluca, El barranco del Perro, El cerro del Conde, El cerro de la Lanza y el de la Alcuza.


El cerro de la Peluca

Se encuentra situado frente a la barriada de los Nuñez. Es uno de los yacimientos mejor estudiados de la zona. Está formado por un poblado y su necrópolis.
El poblado estaba ubicado en la ladera oeste, cerca de varios afloramientos de agua. La necrópolis situada en el “Lagar de las Ánimas” está formada por varios núcleos dispuestos en torno al poblado.
Los enterramientos se hacían en cistas, en su mayoría, individuales, aunque aparecen algunas dobles.
            Tanto en el poblado como en la necrópolis se han encontrado gran cantidad de materiales metálicos, algunos de ellos eran adornos elaborados en metales preciosos.

El cerro del Conde

            Hace unos 2.600 años, en el cerro del Conde se asentaba un poblado indígena de la Edad del Bronce muy relacionado con los fenicios que se establecieron en el cerro del Villar, en la desembocadura del Guadalhorce.





El cerro de la Alcuza y el de la Lanza

        El cerro de la Alcuza es un asentamiento minero de la Edad del Bronce. Podría estar relacionado con el Cerro de la Peluca. En él se han descubierto martillos acanalados y otras herramientas.
El cerro de la Lanza, corresponde a un enterramiento formado por cuatro cistas funerarias. Es posible que fueran expoliadas en otras épocas, pues no se han encontrado restos materiales.

BIBLIOGRAFÍA


-FONTAO REY, María del Mar:
“ Informe de la Prospección superficial de la cuenca media del río Campanillas (Málaga)”. Anuario Arqueológico de Andalucía. 1987.
-FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Luis-Efrén y otros: “Prospección arqueo-metalúrgica de la provincia de Málaga. Campaña 1990”. Anuario Arqueológico de Andalucía. 1990.
-FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Luis-Efrén y otros: “Prospección arqueo-metalúrgica de la provincia de Málaga: Campaña 1992”. Anuario Arqueológico de Andalucía. 1992
-PLAN GENERAL DE ORDENACIÓN URBANA. Servicio Arqueológico del  Ayuntamiento de Málaga.
-RECIO RUIZ, Ángel y otros:
“ Aproximación al poblamiento Neolítico y Calcolítico del término municipal de Almogía”. Mainake. Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Málaga.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

LA PREHISTORIA EN EL VALLE DE CAMPANILLAS

                                                  Texto: Josefina Molino   Dibujos: Noemí Salobreña

El valle del Campanillas está situado al oeste de la capital de Málaga. El río que lo forma  nace en la sierra de las Cabras, al pie del Torcal y desemboca a diez kilómetros de Málaga en el río Guadalhorce del que es tributario El terreno es bastante accidentado con cerros y montes de poca altura, el Cerro del Conde con 600metros es el más alto de la zona. Los habitantes se hallan dispersos en siete núcleos de población: La Fresneda, Somera, Colmenarejo, Huertecilla, Campanillas, Sta. Águeda y Castañetas. El más importante es Campanillas con algo más de cuatro mil habitantes
Desde la antigüedad el río Campanillas ha servido como vía de comunicación entre la costa y las comarcas del interior y la fisonomía de sus montes, poco elevados, ha propiciado la pronta ocupación del valle por el hombre. Podemos encontrar yacimientos desde la Edad del Cobre hasta la Época Íbera.

Edad del cobre o Calcolítico

                Durante este periodo se produce un aumento generalizado de la población, lo que hace que existan numerosos yacimientos de esta época en la provincia de Málaga. Las formas de vida apenas cambian, al igual que durante el Neolítico se continuó practicando la agricultura y la ganadería.    
 Se siguió utilizando la piedra pulimentada como herramienta principal, aunque fue cobrando importancia los instrumentos de cobre. Los primeros que se han encontrado de esta época son puñales y alabardas.
La cerámica siguió siendo importante aunque sin destacar ningún dibujo concreto ni la calidad de las piezas. Aumentan los objetos de adorno personales encontrados.
        En Campanillas los yacimientos más importantes son: el Cerro de los Asperones y Sierra Capitán.

El cerro de los Asperones
        Es un yacimiento muy deteriorado debido a las numerosas actuaciones realizadas por parte del Ayuntamiento de Málaga para la construcción del parque cementerio o del basurero municipal.
            De cualquier  manera en las inmediaciones del cortijo se han localizado cerámicas fabricadas a torno y a mano. También se han hallado hoces y otras herramientas relacionadas con la agricultura, lo que nos demuestra el carácter agrícola de este asentamiento.







Sierra Capitán

        Este yacimiento fue descubierto en 1985 por unos niños que le pusieron el nombre de “cueva ahonde el barro”. La cueva abre su boca hacia el sur, tiene una buena panorámica hacia el valle del Campanillas. Se piensa que no fue un lugar donde vivieran durante el calcolítico de forma permanente.
Por los restos hallados puede tratarse de un lugar de enterramiento. Se encontraron restos óseos: huesos largos y una mandíbula, además de trozos de cerámica hecha a mano.


BIBLIOGRAFÍA


-FONTAO REY, María del Mar:
“ Informe de la Prospección superficial de la cuenca media del río Campanillas (Málaga)”. Anuario Arqueológico de Andalucía. 1987.
-FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Luis-Efrén y otros: 
“Prospección arqueo-metalúrgica de la provincia de Málaga. Campaña 1990”. Anuario Arqueológico de Andalucía. 1990.
-FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Luis-Efrén y otros:
 “Prospección arqueo-metalúrgica de la provincia de Málaga: Campaña 1992”. Anuario Arqueológico de Andalucía. 1992
-PLAN GENERAL DE ORDENACIÓN URBANA. 
Servicio Arqueológico del  Ayuntamiento de Málaga.
-RECIO RUIZ, Ángel y otros:
“ Aproximación al poblamiento Neolítico y Calcolítico del término municipal de Almogía”. Mainake. Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Málaga.