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martes, 18 de marzo de 2014


EL CORTIJO COLMENARES

Texto: Josefina Molino
Fotos: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas

            El cortijo Colmenares, donde actualmente se ubica el Club de Golf Guadalhorce, es una antigua hacienda rural cuyo origen se remonta al siglo XVI, aunque su fisonomía actual es debida a obras realizadas en el siglo XIX.
          En 1487, cuando los Reyes Católicos conquistaron la ciudad de Málaga, repartieron sus tierras entre los nobles que habían  ayudado en su conquista y los pobladores que estuvieron dispuestos a establecerse en ella. En el libro de Repartimientos aparece un tal Pedro de Colmenares, criado de Garcí Fernández Manrique, que obtuvo tierras en la vega del Guadalhorce. ¿Puede ser este colono el primer propietario de la hacienda Colmenares?  Es posible que así sea, pues la situación geográfica de la finca coincide con la descrita en el libro de Composiciones de 1581: “Cortijo de Colmenares entre el soto y el río de Gaudalquebilexo (Guadalhorce) començando desde la línea del dicho Colmenares leyendo hazia Málaga lindando por mano derecha con el carril y sedazo hasta dar por baxo de la hoá que llaman de pano de Cabeza ques del dicho Colmenares y por la parte de abaxo lindan las dichas tierras con el río de Campanillas dexando el soto y paso para los ganados a la mano derecha viniendo desde Málaga…

           En el siglo XVIII, en el Catastro del Marqués de la Ensenada aparece como propiedad dedicada al cultivo de productos de secano y se constata la existencia de una vivienda.
        A principios del siglo XIX figura como propietario D. Nicolás Alcalde y era una de las haciendas más prósperas de la vega, con una renta cercana a los 9000 reales. Por otro lado en el Archivo Municipal de Málaga hay un documento de 1835 en el que se solicita el deslinde y amojonamiento de las fincas que rodeaban la Dehesa del Prado. Entre estas fincas se encontraba el  cortijo Colmenares, propiedad de D. Antonio Colmenares, según figura en dicho documento. Desconocemos la relación de parentesco de éste con el primer colono Pedro de Colmenares y también en que momento accedió a la propiedad de la finca y por último decir que a finales del siglo XIX la propiedad pasó a manos de la familia Larios.

El cortijo Colmenares fue convertido por los Larios en una gran mansión con reminiscencias inglesas. No está muy claro quien lo diseñó, aunque algunos autores lo atribuyen a Diego Clavero Zafra, arquitecto cercano a la familia y que construyó entre otros edificios el Asilo de las Hermanitas de los Pobres. Las estancias de este cortijo se disponen en forma de U en torno a un patio.


 
Fachada posterior 

La entrada corresponde a la de una villa aristocrática clásica. Tiene un cuerpo principal adelantado al que se accede a través de una escalinata con una entrada sobre arco de punto resaltado.En el primer piso sobresale un balcón central y se remata todo con un frontón triangular.
En el interior destaca la escalera imperial de doble rampa que da acceso al piso superior.





Escalera estilo imperio

 Otro elemento importante del conjunto es la capilla, construida al estilo neo-gótico. En la fachada destacan los arcos apuntados de las ventanas y en el interior una pequeña cúpula ojival.
            Rodeaba toda la casa un hermoso jardín romántico con rocallas y surtidores de los que aún quedan algunos vestigios.
Interior de la capilla

Fachada de la capilla
  
  Sin duda esta casa y sus jardines fueron testigos de acontecimientos históricos y entre sus muros, probablemente  hombres de estado como Cánovas del Castillo o el mismo rey Alfonso XII trataron cuestiones de alta política.


 Bibliografía y fuentes:

Aguilar Simón, Agustina (1999): Comentarios en torno a un documento sobre la propiedad rural en el municipio malagueño del siglo XIX. Isla de Arriarán, rev. cult.. cient., 14. Asociación Cultural Isla de Arriarán.Málaga.

Archivo Municipal de Málaga
Cortijos haciendas y lagares de la provincia de Málaga (2001). Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 




























lunes, 10 de marzo de 2014

LOS CORTIJOS DE LA VEGA DE CAMPANILLAS:


Mendieta Está situado cerca de la Fresneda. A comienzos del siglo XIX pertenecía a Tomás Rocha que declaraba obtener una renta anual de 2.200 reales. En este cortijo el historiador malagueño del siglo XIX, Guillén Robles escribió su libro “Málaga musulmana”.

El Pilar: Situado cerca del arroyo Cupiana, este cortijo es importante porque guarda en su subsuelo los restos de una villa romana, origen de la aldea Cupiana.

Cortijo Quintana a finales del siglo XX
Quintana: A principios del siglo XIX su propietario era J. Pedro Casado. Producía una renta anual de 7.000 reales. Un siglo más tarde la hacienda pertenecía a José Gálvez Ginachero. Hasta mediados del siglo XX este cortijo sirvió de lugar de referencia  para la población que vivía en la zona alta del valle. Tenía capilla, molino de aceite y tienda

La Perla: Fue construido en 1860. En los años sesenta del siglo XX en sus tierras se cultivaban olivos  y almendros.

Cortijo La Perla a finales del siglo XX
Somera: Su primer propietario fue Ignacio Fernández de la Somera de profesión ingeniero. A principios del siglo XX fue importante la producción de pasas  para lo que tenía dos naves dedicadas al secado.

Cortijo El Ciprés: El cortijo El Ciprés estaba situado en la margen derecha del río Campanillas, lindaba al norte con el cortijo Mallorquín, al este con el río Campanillas y al oeste con Sta. Rosalía- Maqueda. El primer propietario conocido fue Juan Sánchez Lafuente que también lo era del cortijo Mallorquín a finales del siglo XIX. Se dice  que la familia de Pablo Picasso era vecina del primer propietario Juan Sánchez y que les unía una estrecha amistad por lo que es posible que Picasso de niño viniera a pasar algunas temporadas al cortijo.
 En los años cuarenta del siglo XX la hacienda pertenecía a la familia Romero Luque. En los años setenta, parte de las tierras se vendieron a la empresa estadounidense Caterpillar  y en la década de los noventa el Ayuntamiento de Málaga adquirió el resto de la hacienda para ubicar en ella el Parque Tecnológico de Andalucía. Después de ser restaurado, el cortijo es la sede principal de la administración del parque conviviendo con edificios modernos y vanguardistas.
Cortijo El Ciprés. Año 1926


Cortijo con paseros

Fotos: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas
Texto: Josefina Molino

lunes, 3 de marzo de 2014

LOS CORTIJOS DE LA VEGA DE CAMPANILLAS: EL CORTIJO VICTORIA



El cortijo Victoria se encuentra en plena vega, muy cerca de la desembocadura del río Campanillas en el Guadalhorce.
Su primer propietario fue Manuel Viana-Cárdenas Márquez, que adquirió las tierras al Ayuntamiento de Málaga durante el proceso desamortizador decretado por las Leyes de Desamortización de los Bienes de Propios.
Manuel Viana-Cárdenas nació en 1797, su padre, Antonio Manuel Viana Cárdenas, era capitán agregado al Estado Mayor en Málaga, él en cambio se dedicó a la explotación de varias fincas rurales, unas en propiedad, como el cortijo Victoria  y otras en arriendo, como las tierras que mantenía alquiladas en el cortijo Quintana.
Cortijo Victoria a finales del siglo XX
La hacienda que agrupó en torno al cortijo Victoria tenía una extensión de veintisiete hectáreas aproximadamente, su principal actividad agrícola fue el cultivo de la vid para la producción de pasas, pues tenía secadero y estufa.
La casa principal fue construida en 1853 y según consta en un placa que adorna la fachada principal fue el primer cortijo que se edificó en la vega. Además de casa principal tenía capilla y vivienda para los trabajadores.
Este cortijo al igual que en el cortijo S. Ginés se mantiene el estilo tradicional de casa de campo andaluza. 
Durante la primera mitad del siglo XX, el dueño de la finca fue Miguel Muro Moreu, Intendente Militar que falleció en Málaga el 18 de septiembre de 1952. Los colonos y trabajadores de la hacienda colocaron una placa similar a la primera en homenaje a su persona. Por último señalar que a finales del siglo XX los propietarios  eran Salvador Martín Aguilar y Francisco Sánchez, antiguos colonos de la hacienda.

Texto completo de la placa 1
Placa 1
Placa 2

jueves, 27 de febrero de 2014

LOS CORTIJOS DE LA VEGA DE CAMPANILLAS: STA. ÁGUEDA









La hacienda Sta. Águeda está situada cerca de la desembocadura del río Campanillas en el Guadalhorce. Durante más de cuatrocientos años sus propietarios fueron la familia Vintimilla
             Vintimilla es una ciudad del norte de Italia  de dónde provenía Bernal de Pisa, servidor de los Reyes Católicos que participó activamente en la conquista de Málaga. En compensación a sus servicios, recibió tierras en propiedad en diferentes puntos de la provincia de Málaga. Sus descendientes fueron regidores perpetuos de la ciudad de Málaga.
Casa principal del cortijo Sta. Águeda
            En 1609, Francisco de Vintimilla,  fundó un mayorazgo que agrupó a la mayoría de sus propiedades.Su hijo Clemente incorporó ela hacienda Sta Águeda al mayorazgo en 1639. Clemente Vintimilla, había nacido el año 1596 y murió en 1642. Dos años antes, en 1640 casó con Francisca Arias del Castillo. Tuvieron una hija, Águeda que casó a su vez con Diego de Córdoba Lasso de la Vega, 1º marqués del Vado.  El nombre de la hacienda se debe a ella y los descendientes de esta rama de la familia fueron los que mantuvieron la propiedad hasta mediados del siglo XX.

            La hacienda fue explotada en régimen de colonato, tenía una casa principal, capilla y otras dependencias agrícolas. En la capilla había colocada una placa de mármol en la que constaba la fecha de creación del mayorazgo. Cuando las tierras se parcelaron, los colonos convirtieron la capilla en vivienda y la casa principal fue abandonada.



Transcripción del texto de la placa


Bibliografía: García Maldonado, J. Luis y Aguilar Ruiz, C. Nuria: Conflictivdad social de los grupos dirigentes en la Málaga barroca: Los Vintimilla-Pisa. IV Reunión Científica de la Asociación Española de Historia Moderna. 1.996
Fotos: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas.

jueves, 20 de febrero de 2014

LOS CORTIJOS DE LA VEGA DEL RÍO CAMPANILLAS: CORTIJO S. GINÉS



Texto: Josefina Molino
Fotos: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas

            El cortijo S. Ginés estaba situado en la margen derecha del río Campanillas en la vega baja. Sus tierras lindaban con el cortijo Jurado y con el de  Sta. Matilde.
            En el último tercio del siglo XIX  los terrenos en las que se construyó el cortijo fueron adquiridos por Ginés Rodríguez en la subasta que el Ayuntamiento de Málaga hizo para vender las tierras que componían las dehesas del Prado y la Fresneda. Al casarse Nicolás Lapeira Marques con Dolores Rodríguez Fernández, hija del primer propietario, la finca pasó por herencia materna a la familia Lapeira. Adolfo Lapeira Rodríguez, uno de los hijos del matrimonio de Nicolás y Dolores, dejó el negocio familiar de fabricación de envases metálicos para aceite y conservas y se dedicó a la producción y exportación de pasas, empresa que llevó a cabo desde el cortijo S. Ginés.
            La finca tenía una extensión de unas 55 ha. El grueso de la hacienda estaba situado alrededor del cortijo, aunque también había algunas suertes de tierra dispersas por la vega. La casa se edificó sobre una superficie de 624 metros cuadrados, estaba compuesta por dos cuerpos, uno dedicado a vivienda principal y otro para servicios como bodega, lagar de pisar y horno. Además tenía un almacén para dormitorio de los trabajadores con una superficie de 130 metros cuadrados.

            En esta hacienda predominaba la función productiva sobre la residencial, por lo que la vivienda principal no tenía rasgos arquitectónicos a destacar.


Cortijo S. Ginés, casa principal. En primer plano paseros. Año 1926

Nave de envasado de pasas. Año 1926

sábado, 15 de febrero de 2014

LOS CORTIJOS DE LA VEGA DE RÍO CAMPANILLAS: CORTIJO JURADO




Texto: Josefina Molino
Fotos: Archivo Fotográfico y Documental de Campanillas

            La burguesía malagueña construyó en la vega del río Campanillas cortijos que fueron utilizados como fincas de recreo para pasar el verano o incluso para refugiarse en el caso de que en la ciudad hubiera epidemias. El cortijo Jurado es un ejemplo de este tipo de construcciones.
       Edificado en un altozano para protegerse de las crecidas del río, sus primeros propietarios pertenecían a la familia Heredia, en 1927 fue adquirido por Miguel Serra y al finalizar el siglo los propietarios pertenecían a la familia Quesada de Málaga..
            En su época de esplendor estaba rodeado de un espeso y cuidado jardín y como bien refiere el dicho popular “Tiene tantos huecos y ventanas como días tiene el año.”
          El estilo que predomina en su construcción es neogótico anglosajón. El conjunto está compuesto por la casa señorial, la capilla, cocheras, establos, viviendas para los trabajadores y dos patios que dan acceso a las diferentes estancias del cortijo.
La casa principal tiene acceso desde el exterior. Los muros son de mampostería y ladrillo. La entrada principal está flanqueada por dos alas que sobresalen con un balcón corrido y ventanas pareadas enmarcadas en arcos rebajados.
Fachada principal del cortijo Jurado, a mediados del siglo XX
         Los motivos decorativos principales son hiladas de dentería que separan los tres niveles en altura.Un elemento dominante es el gran mirador de planta rectangular y cubierta plana  situado en el centro de la construcción domina el conjunto e incluso el paisaje. Nos recuerda a las torres de defensa y palomares. 

            La capilla  es de planta cuadrada. Ocupa el ala sur, tiene una entrada desde el exterior y está construida totalmente con un estilo neogótico, con ventanas triangulares y arco trilobulado. 

            
Vista general del cortijo a finales del siglo XX



    

Documentación:

Cortijos haciendas y lagares de la provincia de Málaga (2001). Junta de Andalucía.
 Consejería de Obras Públicas y Transportes.
Entrevistas personales con vecinos de Campanillas

viernes, 31 de enero de 2014

LOS PRIMEROS COLONOS DEL VALLE DE CAMPANILLAS II


La vivienda
       
       Los trabajadores de un cortijo podían ser fijos o temporeros. Los fijos tenían trabajo todo el año y vivían en alguna de las dependencias que el cortijo tenía destinadas a los trabajadores o en chozas que ellos se construían, con el permiso del propietario, en las inmediaciones de la hacienda donde trabajaban. Los trabajadores temporeros sólo estaban durante la temporada de la vendimia, vivían en barracones que había en el mismo cortijo o en los pajares. Como cama tenían un lecho de paja donde dormían tapados con un saco.
      Disponían de poco vestuario, en algunos casos no llegaban a tener una muda de quita y pon. Los trabajadores temporeros iban una vez al mes a su casa para cambiarse de ropa, si no podían ir eran los cosarios los encargados de traerles la muda limpia cada quince días. En los días lluviosos de invierno, si se mojaban y no tenían para cambiarse se secaban arrimándose a la candela que procedía del humero. Como la ropa se secaba sobre el mismo cuerpo eran frecuentes las pulmonías y enfriamientos.
      Por otro lado no existía la asistencia sanitaria. En estos años de finales del siglo XIX y principios del XX, en Campanillas no había médico y aunque lo hubiera la clase trabajadora no se lo podía costear con los salarios que tenía.

Las comidas  

            Las comidas se hacían en el cortijo y solían ser numerosas pero necesarias. Estaban distribuidas en el siguiente orden:
El desayuno sobre las siete de la mañana.
A las nueve un gazpacho fresco o caliente según la época del año. El gazpacho frío estaba compuesto de: pan migado, vinagre, cebolla y sal. El caliente se le llamaba maimones o puchas y estaba cocinado a base de pan, aceite y sal.
A las doce de la mañana se tomaba el almuerzo que estaba compuesto de arroz hervido con aceite y sal.
A las cuatro de la tarde se volvía a tomar otro gazpacho y por último, al finalizar la jornada de trabajo se tomaba la olla a base de tocino y arroz.
            Durante las comidas los trabajadores se reunían alrededor de un lebrillo y cada uno con su cuchara iba comiendo del recipiente, se hablaba y se comentaba  de lo que ocurría en la zona o en España. Si tenían la suerte de tener algún periódico, aquél que sabía leer les leía las noticias y comentarios que estaban de actualidad.
            Los temas de conversación variaban según la ocupación de cada uno, si eran gañanes, boyeros o porqueros pues hablaban del ganado; de los vinos y de las uvas si eran pisadores etc. Un  tema muy recurrente en las conversaciones era el de las comidas en los distintos cortijos de la zona; en unos se comía bien, en otros regular y en otros mal, dependiendo del propietario y del casero o casera encargados. Entre los trabajadores siempre había personas ingeniosas y con facilidad para hacer coplillas, en una de ellas se habla sobre un plato cocinado en aquella época, dicha letrilla decía así:
“Al mismo rey Amadeo he de escribir un papel que ni los mismos hebreos habrán visto de comer calabaza con fideos”
A veces la conversación se callaba y alguien contaba una historia. El narrador solía tener un don especial para hacer que una historia cualquiera fuera divertida o dramática  para captar la atención de todos los comensales. A continuación se narra una de las que más se escuchó en los cortijos de la zona.

Lo que le ocurrió a Frasco el de Frasquita en el puerto de la Zorrera
“Vivía Frasco en el Cotarro y venía a trabajar a los cortijos de la vega. Una tarde de regreso a su casa vio en el puerto de la Zorrera un horno o jorno de abejas, o lo que es igual un panal silvestre. Como era muy aficionado a la miel y no tenía dinero para comprarla pensó castrar el panal en el momento que pudiera. Tuvo que esperar algún tiempo, pues no era época para ello.
Llegó el mes de San Juan, como era costumbre llamar a junio y eligió una noche de luna llena para poder ver mejor. Salió de su casa al anochecer con las herramientas más apropiadas para este menester y empezó la faena. Al mismo tiempo que trabajaba vigilaba por si se acercaba alguien. Una de las veces que alzó la vista observó que por la zona de Maqueda venían dos bultos que le dio qué pensar, porque parecían la pareja de la guardia civil. Rápidamente pensó que si lo cogían a esa hora castrando un panal no sabía que le podría ocurrir, por lo que se escondió detrás de una piedra. Allí oculto no dejaba de mirar los dos bultos que se acercaban cada vez más, incluso escuchaba sus pasos. El pobre estaba muerto de miedo y lleno de picotazos de las abejas, pero cual fue su extrañeza que faltando pocos metros para que llegaran hasta donde él estaba, las figuras se difuminaron y desaparecieron.
Al pobre Frasco le entró un escalofrío impresionante al ver que había sido lo que se decía por aquel tiempo: un espanto o fantasma.
Se fue a todo correr a su casa donde llegó de madrugada, despertó a Frasquita y le contó lo que le había ocurrido.
Desde luego Frasco no volvió a comer más miel. Frasquita se lo contó a sus vecinas propagándose de esta manera este hecho que dio mucho que hablar en la vega de Campanillas.”



DOCUMENTACIÓN
Documentación del Archivo Díaz de Escovar

Las historias y anécdotas que se cuentan son de transmisión oral.